Navegando por ese mar de los Sargazos que es la red un miércoles a las cuatro de la tarde y mira con lo que me encuentro: la isla de Sinan todavía accesible, abierta y en las cartas de navegación. Pensaba que ya lo habrían cerrado, pero mira por donde me va a venir bien los próximos días.
Hace casi un año que no escribo. Ni aquí ni en ningún sitio...¿Han cambiado tantas cosas, aparte de que tuve barba y ya no, o de que haya cambiado zona 14 por la 4? Pues si y no...
Ya no me sorprendo, no me quedo estupefacto, no me maravillo de los cotidianos devenires que ofrece este país. Me he asimilado a los locales, meto chapinismos en mi conversación, ando por la calle pensando en mis cosas y cuando por la noche suenan disparos por la terminal ya no doy un bote de cuatro metros en el sofá: subo el volumen de la música y punto.
Así que nada. Enterraré cien botellas de ron (Zacapa), soltaré unos cuantos coches -o cerdos- y aguardaré la oportunidad de volver.
Mientras, el 20 de julio se acabó de verdad: Eastward Ho!