Mañana, a las 17:30, me subo a un avión que tras 13 horas y media de viaje me dejará en Barajas. Vuelvo despues de 12 meses justos fuera. Estas últimas dos semanas han sido intensas, entre la mudanza, despedidas de gente que se va, saludos a personas que vuelven, malabarismos para pagar facturas, depositar fianzas, comprar muebles y cosi vía. Y todo con una sensación rara, rara.
P. se fue hace cinco días; hemos vivido juntos un año entero y nunca llegamos a conectar del todo, cosa que no me extraña: nuestra manera de ver la vida, nuestros valores, nuestra forma de entender las relaciones son absolutamente distintas. La cosa se fastidió del todo cuando I. decidió poner algunos kilómetros de por medio: P. jamás me perdonó por ello -aunque suene surrealista, sí-, y la verdad es que se esforzó todo lo posible para que se notara. Así que, por un lado, respiré con alivio: se acabaron las respuestas desagradables, los gritos por comentarios relacionados con política, religión o en general cualquier tema que afectase a su manera de ver la vida; las malas caras cuando alguien venía a cenar o a dormir, siempre atenta a que no fuese su comida la empleada. Un asco, en serio.
Pero por otra parte, cuando L. y yo la vimos irse por la puerta de embarque, también tuve un acceso de tristeza: esta chica ha sido parte de mi vida en Guatemala, y también hemos tenido buenos momentos. Y a fín de cuentas es normal que se encuentre confundida: le espera un cambio bestial, despues de 18 meses chapines, y ahora la vuelta a su familia chachi, a las reuniones de parroquia, a su universo de amigas a punto de casarse o teniendo hijos. No creo que volvamos a vernos, o al menos a mí no me apetece en absoluto, pero quien sabe, y espero tener un buen recuerdo cuando las cosas se asienten.
Y luego, resulta que el cielo estuvo siempre aquí (frase de Jules et Jim, peli que se proyectó ayer en el Centro provocando el hastío de la mitad del público y la encendida adoración del resto). Un año viendo a R. y resulta que los dos últimos fines de semana, de supuestos paseos antigueños, despedidas y saudades se convierten en una muestra de... en fín, digamos que a veces conviene lanzarse a la piscina. Que lo tenga que decir yo...
Es la segunda vez que estoy un año seguido fuera; pero este ha sido distinto: no me apetece ahora hacer evaluaciones, o proyecciones de futuro. Ya tocará eso. Y estoy nervioso, con ganas de ver a la familia y a la gente, pero también algo triste, aunque sean tres semanitas solamente.
Os llamo a todos en cuanto aterrice; para el resto, los piratas se encuentran en tabernas, aunque sean cibernéticas.
Hasta dentro de tres semanas!!!