Sinan Pacha...y un oceano de por medio
 



Sinan Pacha...y un oceano de por medio
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De moto, nada.

Cruzo la puerta de urgencias totalmente empapado y me doy de bruces con un policia que sostiene un Kalashnikov. Apunta a un chico joven que está tendido en una camilla totalmente ensangrentada. Se queja y tiene lo que parecen tres orificios de bala en una pierna, y la cara magullada; nadie le está atendiendo.


La sala de emergencia del Hospital Roosevelt debe ser lo más parecido a Sarajevo o a Beirut en sus peores momentos. Una treintena de personas, tumbadas en camillas o en el suelo, gimen, gritan o sencillamente se mueren solos y callados. La mayoría parece haber sufrido accidentes de tráfico, pero muchos están, claramente, baleados.  Un montón de policias observan con gesto preocupado a un compañero suyo con la guerrera desabrochada y una herida horrorosa en el estómago.


Sorteo la camilla y noto una nausea imparable: el olor dulzón de la sangre, cortado con antiséptico y sudor me llena los pulmones. Hay un par de enfermeros, serios y atareados, clasficando los enfermos, y un médico joven que, muy flemático, pide placas, análisis, pruebas y cuando llega al policía herido mueve la cabeza con una mueca de escepticismo fatalista. Le alcanzo y le pongo la mano en el hombro; tengo la voz temblorosa por la ansiedad: "Perdone, mire, buscamos a un patojo español que ha tenido un accidente de moto. Su nombre es G..". "Si, el del motazo. Allí lo tienen". Me señala una de las primeras camillas; le hago un gesto a I. y nos acercamos a la carrera. G. está tumbado boca arriba, con el impermeable destrozado. Tiene el pelo y el cuello llenos de sangre que mana de una brecha tremenda en la cabeza, mal suturada. Le han sacado la bota derecha y su tobillo presenta la consistencia de un balón de futbol-sala. Puta mierda. Un golpe en la cabeza. Mierda.


Ha pasado más o menos media hora desde que llamaron a casa para decirnos que un español había ingresado por accidente. Estaba incosciente, pero llevaba un número de teléfono en el bolsillo. ¿Lo conocíamos? Pues sí. G. llevaba desaparecido toda la tarde del domingo, pero imaginábamos que sus amigos salvadoreños (teatreros y borrachos) lo tenían retenido desde hace dos días. En un pis pas I. ya estaba en el carro, yo agarraba todo el efectivo que teníamos en casa y salíamos en busca del Roosevelt.


Este hospital, junto con el San Juan de Dios, es la punta de lanza del muy, muy, muy precario sistema público de salud en Guatemala. "En el Roosevelt se muere uno", me dijo una vez un colega chapín. Y en cuanto ví el panorama no me quedo la más minima duda de que, muy probablemente, era un análisis acertado en el fondo y en la forma.


G. nos miró, e I. y yo tardamos cinco minutos en poder decir algo. Estaba hecho un cristo. Creo que se nos escaparon las lágrimas a los tres. Le agarramos las manos, llenas de sangre y empezamos a preguntarle a la vez. Pero era inutil: no se acordaba de nada. Tan solo que salía del Paiz con la moto y que acto seguido alguien le cosía la cabeza. No recordaba qué, o donde, había pasado. Solo que tenía mucho miedo.


Intercepté al doctor y le pedí una evaluación, algo. Su respuesta fue antológica: "Mire, lleva dos horas aquí. Si no se va la luz por la tormenta, en otro par de horas le podré hacer una placa de la cabeza y otra del tobillo, pero no una tomografía. El casco le ha salvado la vida, cabal, pero estos golpes en el cráneo son peligrosos. No parece que se haya fracturado y ahora está estable." Me miró de arriba abajo: "¿Trabaja para la embajada?" "Pues sí"; le mentí. "Entonces, usted que puede, sáquelo de aquí ya. Por él y por mí. Tengo 28 pacientes, y llevo 26 horas de turno. Cuanto menos tenga, más podré salvar. Lléveselo al sanatorio de El Pilar, tiene mi permiso".


Siempre he creído en la sanidad pública. Nunca en mi vida me he hecho, ni me haré, un seguro privado en España. Me parece ventajista e injusto, y una forma de vaciar de contenido un servicio social básico. Pero en este caso no me lo pensé dos veces: llame al sanatorio más caro de Guatemala. Enviaron una ambulancia en media hora (el tiempo necesario para comprobar la tarjeta de crédito) y sacaron a G. de allí.


Cuando nos fuimos se volvió a ir la luz: sacaron velas y linternas, pero el hospital no cuenta con un generador electrógeno. No me quiero ni imaginar lo que ocurría en los quirófanos; C., que trabaja para Médicos Sin Fronteras me contó despues que se practica una medicina de guerra, y no me extraña nada: irme de allí empujando la camilla me provocó una verguenza enorme, y también un alivio considerable.


En el sanatorio -superpijo, superelegante-, G. fue atendido por tanta gente (un médico, un residente, tres enfermeras) como la que había para todas las urgencias del Roosevelt. Le hicieron todo tipo de pruebas y concluyeron que había tenido mogollón de suerte: el tobillo roto por tres sitios (le caerá un tornillo), 26 puntos en la cabeza tres días en observación -saldrá mañana-. Y todos los números para haberse matado, sea por el impacto, sea por un carro que le hubiese pasado por encima una vez en el asfalto.


A saber como fue: la moto la tiene la policía y el casco, por lo que nos dijeron, estaba partido por la mitad. Lo que está claro es que aquí acaba mi corta carrera como angel de infierno.

12.7.05 19:52
 


To date 6 Comment(s)     TrackBack-URL


Milibelula / Website (12.7.05 21:49)
Te juro por dios que mañana te escribo
Tu piensas que dios no existe, pero yo mañana te escribo
Y leo esto con calma, que ahora no la tengo
Milbesos
pd, prometo regalarte un poster como el de mi cuarto


m / Website (12.7.05 23:08)
Me encantaria pensar: 'exagera, es un contador de cuentos nato', pero se que no...
Cuidate mucho Sinan
bellota


(13.7.05 03:54)
me impactó mucho las imágenes del hospital
muy bien logradas...
es terrible como al final en los hospitales elegantes o cuicos, como les decimos aquí, sólo ahí consigues buena atención
terrible esta vida


milibelula / Website (13.7.05 10:19)
Ya lo leí. Que se mejore Gonzalo...


El Ave / Website (25.7.05 14:19)
El problema Sinan es que es mentira que en España la sanidad sea universal. Yo, por mis circunstancias, o me hago autónoma y pago un huevo para poder tener S.S., o me tendré que hacer un seguro médico privado porque en mi situación ya soy viejita (con 28 tacos no estás incluida en el seguro familiar) y como no tengo nómina en España pero tampoco estoy en el paro, pues me tengo que fastidiar... es uno de los grandes mitos: que la cobertura sanitaria es universal. Mentira.
De todos modos: tremendísimo lo que cuentas.


click (19.12.11 16:31)
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