Sinan Pacha...y un oceano de por medio
 



Sinan Pacha...y un oceano de por medio
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Tierra a la vista!

Navegando por ese mar de los Sargazos que es la red un miércoles a las cuatro de la tarde y mira con lo que me encuentro: la isla de Sinan todavía accesible, abierta y en las cartas de navegación. Pensaba que ya lo habrían cerrado, pero mira por donde me va a venir bien los próximos días.


Hace casi un año que no escribo. Ni aquí ni en ningún sitio...¿Han cambiado tantas cosas, aparte de que tuve barba  y ya no, o de que haya cambiado zona 14 por la 4? Pues si y no...


Ya no me sorprendo, no me quedo estupefacto, no me maravillo de los cotidianos devenires que ofrece este país. Me he asimilado a los locales, meto chapinismos en mi conversación, ando por la calle pensando en mis cosas y cuando por la noche suenan disparos por la terminal ya no doy un bote de cuatro metros en el sofá: subo el volumen de la música y punto.


Así que nada. Enterraré cien botellas de ron (Zacapa), soltaré unos cuantos coches -o cerdos- y aguardaré la oportunidad de volver.


Mientras, el 20 de julio se acabó de verdad: Eastward Ho!

31.5.06 22:11


Y eso es todo, amigos.

Pues se acabó... Despues de un añito y algo más de blog, SinanPacha se despide en dos tandas:


En primer lugar, con una disculpa. Los blogs son complicados, la verdad: uno lo afronta como si fuese un diario privado -más o menos- sin caer en la cuenta de que están pensados para que sean leídos por un mogollón de gente-. Y evidentemente, Sinan Pacha no era honesto, desde el momento que yo me cuidaba mucho de ocultar, entre comillas, mi identidad, pero la gente que he conocido aquí aparecía con su propio nombre, pelos y señales. Y realmente no hay derecho a mostrar la vida de las personas -tamizada, encima, por mi fantasía galopante- tan alegremente.


Así que, aparte de descuidado, he sido soberbio y fatuo: me ha encantado esta especie de "doble vida", pequeñita e insignificante, que el blog me ha proporcionado. Y he sido un listillo -uno de los peores defectos de J., que no de SinanPacha (oye, no en vano llegó a almirante y todo), permitiéndome contar y juzgar asuntos y personas que, en la descontextualización inevitable de un formato como este, tenían poco que ver con la realidad. Por lo tanto, mis más sinceras disculpas a todas aquellas personas aludidas sin su permiso, y ofendidas injustamente en este ejercicio narcisista.


En segundo lugar, gracias a todo el mundo que ha leido, comentado y enviado mails. Parece una tontería, pero en ciertos momentos este blog me ha ayudado a no sentirme solo y me ha alegrado varios dias chapines. Yo seguiré leyendo a la gente (a ver quien puede prescindir de Arponera, o de vencuandopuedas,  por ejemplo), y podéis comunicaros conmigo en sinanpacha@doramail.com para lo que sea.


Nos vemos en otros mares, en otros puertos. Cuidaos mucho.

29.8.05 18:18


Volver, volver...

Mañana, a las 17:30, me subo a un avión que tras 13 horas y media de viaje me dejará en Barajas. Vuelvo despues de 12 meses justos fuera. Estas últimas dos semanas han sido intensas, entre la mudanza, despedidas de gente que se va, saludos a personas que vuelven, malabarismos para pagar facturas, depositar fianzas, comprar muebles y cosi vía. Y todo con una sensación rara, rara.


P. se fue hace cinco días; hemos vivido juntos un año entero y nunca llegamos a conectar del todo, cosa que no me extraña: nuestra manera de ver la vida, nuestros valores, nuestra forma de entender las relaciones son absolutamente distintas. La cosa se fastidió del todo cuando I. decidió poner algunos kilómetros de por medio: P. jamás me perdonó por ello -aunque suene surrealista, sí-, y la verdad es que se esforzó todo lo posible para que se notara. Así que, por un lado, respiré con alivio: se acabaron las respuestas desagradables, los gritos por comentarios relacionados con política, religión o en general cualquier tema que afectase a su manera de ver la vida; las malas caras cuando alguien venía a cenar o a dormir, siempre atenta a que no fuese su comida la empleada. Un asco, en serio.


Pero por otra parte, cuando L. y yo la vimos irse por la puerta de embarque, también tuve un acceso de tristeza: esta chica ha sido parte de mi vida en Guatemala, y también hemos tenido buenos momentos. Y a fín de cuentas es normal que se encuentre confundida: le espera un cambio bestial, despues de 18 meses chapines, y ahora la vuelta a su familia chachi, a las reuniones de parroquia, a su universo de amigas a punto de casarse o teniendo hijos. No creo que volvamos a vernos, o al menos a mí no me apetece en absoluto, pero quien sabe, y espero tener un buen recuerdo cuando las cosas se asienten.


Y luego, resulta que el cielo estuvo siempre aquí (frase de Jules et Jim, peli que se proyectó ayer en el Centro  provocando el hastío de la mitad del público y la encendida adoración del resto). Un año viendo a R. y resulta que los dos últimos fines de semana, de supuestos paseos antigueños, despedidas y saudades se convierten en una muestra de... en fín, digamos que a veces conviene lanzarse a la piscina. Que lo tenga que decir yo...


Es la segunda vez que estoy un año seguido fuera; pero este ha sido distinto: no me apetece ahora hacer evaluaciones, o proyecciones de futuro. Ya tocará eso. Y estoy nervioso, con ganas de ver a la familia y a la gente, pero también algo triste, aunque sean tres semanitas solamente.


Os llamo a todos en cuanto aterrice; para el resto, los piratas se encuentran en tabernas, aunque sean cibernéticas.


Hasta dentro de tres semanas!!!

28.7.05 01:19


No ando fino

Los últimos días siempre son extraños: siempre tiendo a quedarme en los sitios más que la gente que vino conmigo. El resultado, un rosario de despedidas, algunas temporales, otras no tanto. Y cuando la gente con la que descubres un lugar se va, este, indefectiblemente, cambia su caracter.


Por eso no volví jamás a Pisa, ni a Spoleto, y probablemente tampoco pise Rotterdam. Porque sin Laura, Gaia, Anni o Mar  -¿solo chicas?- no serían las mismas ciudades, no reconocería Beijerlandselaan, Via del Mercato o la famosa torre. Tal vez me ocurra lo mismo en Guatemala.


Apuntes de estas extrañas jornadas, en las que Sinán Pacha está lento de reflejos, perezoso para el amor (y eso que era mi especialidad), tendente a cierta nostalgia sobrevenida y, sinceramente, un poco harto de todo:


.- "Tu...¿tienes un blog sobre Guatemala?". Silencio y miradas interesadas por parte del resto de jóvenes cooperantes que acaban de llegar y que están sentados en mi salón. Los ha traído I. para que vean la casa, y por no dejarles solos, que los primeros días son siempre fastidiados. Dejo el libro en la mesa. I. está en la cocina, P. arriba y no me apetece nada que nadie sepa lo del blog en cuestión. "Bueno, es un tema delicado. Sí pero no. Por lo menos aquí". Y cambio de tema. Lo que faltaba, adios vía de escape. Pero E. (que es el nombre de la interfecta) parece maja y, además, habla muy poco en todos los sentidos. Lo mismo me salvo...


.- G. ya está en casa. En mi casa, para mas señas, instalado en una cama que le hemos bajado al salón. Tiene días mejores y peores, pero se ha salvado de una buena. Las tres jornadas de hospital han sido clásicas: visitas coordinadas con otra gente, partidas de brisca y de escoba (¡hey, como con mi abuela!) y momentos inolvidables. Me quedo con el martes, hacia las cinco, los dos viendo asombrados y un poco temerosos un documental sobre ritos de iniciación sexual africana en Discovery Channel. Se abre la puerta y aparece una monja vestida de blanco, que anuncia su intención de "reconfortar espiritualmente al enfermo". Reacciono rápido levantándome y agarrando el abrigo, pero antes de poder decir nada ella añade, bloqueándome el paso con una mirada inmisericorde: "y a su acompañante, por supuesto". Tiene unos ojos gris acero y la barbilla firme, con labios finos y crueles. Me derrumbo aceptando mi destino. La hermana es de Burgos, lleva 32 años en Guatemala y los siguiente cuarenta y cinco minutos son de este tenor:


La hermana: "¿Van a menudo a misa?"


G.: "Cuando se muere alguien".


Sinan: "Yo prefiero las bodas. Entre gente de sexo distinto, claro. Ya sabe, peras con manzanas y esas cosas".


La hermana (imperturbable): "El hospital tiene una capilla, en caso de que deseen recogerse un momento".


G.: "No, a mí ya me han cogido y recogido gracias al tobillo" (coger significa joder, por estas latitudes)


Sinan: "Me parece escandaloso, francamente, recogerse a si mismo, y más en una capilla. ¿No te quedabas ciego con eso?"


G.: "Yo sigo viendo bastante bien"


La hermana (interrumpiendo un punto desabrida): "Es la iluminacion del espíritu lo único que proporciona una paz cegadora. Y mediante la confesión, creanme, la tensión de estos días de prueba quedaría muy aliviada".


G., musitando audiblemente: "Ya te podrías caer tu de la moto y me lo cuentas luego".


La hermana (con un brillo vengativo en los ojos): "Bueno, ahora vendrán a darle el baño de cama. Ayudaré a la enfermera y así podremos continuar charlando, que entre compatriotas...".


Sinan y G., al unísono en dos matices distintos (divertida incredulidad en mi caso, horror cerval en el suyo): "¿Baño de cama?"


Lo que siguió no es en absoluto descriptible. En todo caso, por respeto a G., os lo ahorro. Solo añadiré que la hermana frotaba con una energía demencial lugares que, a priori, uno imaginaría no serían del conocimiento anatómico de una religiosa.


.- La despedida de I. Vuelve, pero la sensación es rara.


Al menos he vuelto a cocinar...

16.7.05 00:36


De moto, nada.

Cruzo la puerta de urgencias totalmente empapado y me doy de bruces con un policia que sostiene un Kalashnikov. Apunta a un chico joven que está tendido en una camilla totalmente ensangrentada. Se queja y tiene lo que parecen tres orificios de bala en una pierna, y la cara magullada; nadie le está atendiendo.


La sala de emergencia del Hospital Roosevelt debe ser lo más parecido a Sarajevo o a Beirut en sus peores momentos. Una treintena de personas, tumbadas en camillas o en el suelo, gimen, gritan o sencillamente se mueren solos y callados. La mayoría parece haber sufrido accidentes de tráfico, pero muchos están, claramente, baleados.  Un montón de policias observan con gesto preocupado a un compañero suyo con la guerrera desabrochada y una herida horrorosa en el estómago.


Sorteo la camilla y noto una nausea imparable: el olor dulzón de la sangre, cortado con antiséptico y sudor me llena los pulmones. Hay un par de enfermeros, serios y atareados, clasficando los enfermos, y un médico joven que, muy flemático, pide placas, análisis, pruebas y cuando llega al policía herido mueve la cabeza con una mueca de escepticismo fatalista. Le alcanzo y le pongo la mano en el hombro; tengo la voz temblorosa por la ansiedad: "Perdone, mire, buscamos a un patojo español que ha tenido un accidente de moto. Su nombre es G..". "Si, el del motazo. Allí lo tienen". Me señala una de las primeras camillas; le hago un gesto a I. y nos acercamos a la carrera. G. está tumbado boca arriba, con el impermeable destrozado. Tiene el pelo y el cuello llenos de sangre que mana de una brecha tremenda en la cabeza, mal suturada. Le han sacado la bota derecha y su tobillo presenta la consistencia de un balón de futbol-sala. Puta mierda. Un golpe en la cabeza. Mierda.


Ha pasado más o menos media hora desde que llamaron a casa para decirnos que un español había ingresado por accidente. Estaba incosciente, pero llevaba un número de teléfono en el bolsillo. ¿Lo conocíamos? Pues sí. G. llevaba desaparecido toda la tarde del domingo, pero imaginábamos que sus amigos salvadoreños (teatreros y borrachos) lo tenían retenido desde hace dos días. En un pis pas I. ya estaba en el carro, yo agarraba todo el efectivo que teníamos en casa y salíamos en busca del Roosevelt.


Este hospital, junto con el San Juan de Dios, es la punta de lanza del muy, muy, muy precario sistema público de salud en Guatemala. "En el Roosevelt se muere uno", me dijo una vez un colega chapín. Y en cuanto ví el panorama no me quedo la más minima duda de que, muy probablemente, era un análisis acertado en el fondo y en la forma.


G. nos miró, e I. y yo tardamos cinco minutos en poder decir algo. Estaba hecho un cristo. Creo que se nos escaparon las lágrimas a los tres. Le agarramos las manos, llenas de sangre y empezamos a preguntarle a la vez. Pero era inutil: no se acordaba de nada. Tan solo que salía del Paiz con la moto y que acto seguido alguien le cosía la cabeza. No recordaba qué, o donde, había pasado. Solo que tenía mucho miedo.


Intercepté al doctor y le pedí una evaluación, algo. Su respuesta fue antológica: "Mire, lleva dos horas aquí. Si no se va la luz por la tormenta, en otro par de horas le podré hacer una placa de la cabeza y otra del tobillo, pero no una tomografía. El casco le ha salvado la vida, cabal, pero estos golpes en el cráneo son peligrosos. No parece que se haya fracturado y ahora está estable." Me miró de arriba abajo: "¿Trabaja para la embajada?" "Pues sí"; le mentí. "Entonces, usted que puede, sáquelo de aquí ya. Por él y por mí. Tengo 28 pacientes, y llevo 26 horas de turno. Cuanto menos tenga, más podré salvar. Lléveselo al sanatorio de El Pilar, tiene mi permiso".


Siempre he creído en la sanidad pública. Nunca en mi vida me he hecho, ni me haré, un seguro privado en España. Me parece ventajista e injusto, y una forma de vaciar de contenido un servicio social básico. Pero en este caso no me lo pensé dos veces: llame al sanatorio más caro de Guatemala. Enviaron una ambulancia en media hora (el tiempo necesario para comprobar la tarjeta de crédito) y sacaron a G. de allí.


Cuando nos fuimos se volvió a ir la luz: sacaron velas y linternas, pero el hospital no cuenta con un generador electrógeno. No me quiero ni imaginar lo que ocurría en los quirófanos; C., que trabaja para Médicos Sin Fronteras me contó despues que se practica una medicina de guerra, y no me extraña nada: irme de allí empujando la camilla me provocó una verguenza enorme, y también un alivio considerable.


En el sanatorio -superpijo, superelegante-, G. fue atendido por tanta gente (un médico, un residente, tres enfermeras) como la que había para todas las urgencias del Roosevelt. Le hicieron todo tipo de pruebas y concluyeron que había tenido mogollón de suerte: el tobillo roto por tres sitios (le caerá un tornillo), 26 puntos en la cabeza tres días en observación -saldrá mañana-. Y todos los números para haberse matado, sea por el impacto, sea por un carro que le hubiese pasado por encima una vez en el asfalto.


A saber como fue: la moto la tiene la policía y el casco, por lo que nos dijeron, estaba partido por la mitad. Lo que está claro es que aquí acaba mi corta carrera como angel de infierno.

12.7.05 19:52


Londres, Inglaterra.

Durante cuatro meses, a las siete de la mañana salía de mi casa en Tufnell Park Road; entraba en la parada de metro, me subía a un vagón, abría mi libro y me maravillaba -agobiándome un poco, la verdad-, del silencio que reinaba dentro. Tan solo se oía el traqueteo de las ruedas y el silbido del aire: las decenas de personas que, sentadas o de pie, viajaban conmigo no hablaban entre ellas, no emitían ningún sonido.


En quince minutos cambiaba en la parada de King´s Cross-St. Pancras, un ritual de andar rápido, pegarte a la parte derecha de la escalera mecánica, apresurarte si oías llegar el siguiente tren, el que me llevaba hasta Farringdon, al lado de la oficina de Cowcross St, al aire libre de nuevo, a la lluvia y al sol.


Tengo sentimientos encontrados con respecto a Londres, y esa sensación ambigua se eleva a la máxima potencia con relación al Tube: por un lado me deprimía la imagen de tantísima gente haciendo lo mismo, la prisa, la falta de comunicación, la fealdad de las instalaciones. Pero con el tiempo aprendía a apreciar sus pequeños rituales, los gestos cómplices con las personas que veías todas las mañanas, los personajes fijos de tu rutina. Observaba lo que otros leían (Harry Potter pegaba fuerte a mediados de 2002), intentando extraer fragmentos de sus vidas basándome en pistas tan peregrinas como sus zapatos o sus relojes. El metro fue lo que más contribuyó, creo yo, a integrarme en la ciudad.


Y esta mañana leo que han estallado una serie de bombas practicamente en la misma línea, en una hora punta, y que ha muerto mogollón de gente. Personas normales, o tal vez no, fugaces compañeros de tránsito matutino, viajeros del gran mosaico londinense. Y he sentido una tristeza enorme, un abatimiento general: porque no hay nada que justifique un acto así. Porque es tremendamente inhumano, injusto, arbitrariamente salvaje...


Hoy, a once mil kilómetros, pienso en Russel Square, en Lincoln Fields, en Kew Gardens. En el Imperial War Museum, el restaurante portugues medio oculto en Whitechapell, los teatros del Soho. Un pequeño homenaje a las Brigadas Internacionales en la rivera del Támesis, las callejuelas detrás de St. Paul´s Cathedral, la casa de Sir John Soane, la Battersea Power Station, dormida como un dinosaurio congelado. En la señora que me vendía el Guardian en un puestecillo de Fleet Street, una siesta despues de un partidazo de futbol en Hyde Park, el incongruente recortable de La Antigua de Valladolid expuesta en una tienda de maquetas en Kesington Park. Tres películas de Jacques Tati que ví en la Alliance Francaise (yo, como un imbecil, tratando de entenderme en francés con un acomodador que se negaba a hablar en ingles), la expedición a Woodside Park totalmente fracasada por la lluvia, la casa de V. en Kentish Town... en la ciudad que he conocido y que, por primera y paradojica vez, echo mucho de menos.

7.7.05 19:55


Este es largo, pero merece la pena.

En esta entrada me permito copiar un correo que  A. mandó a un servidor, y el comentario de este en mi post anterior.


A. también estuvo en Guatemala, y durante bastante más tiempo que yo. Se casó con una chapina y su compromiso con el país fue tal que todavía mucha gente se acuerda de él, siempre con cariño. Escribió un buen libro, que he tenido el placer de leer y, a pesar de que tan solo nos hemos visto en un par de ocasiones, respeto un montón su visión del mundo de la cooperación y me honra un montón que mantenga el contacto conmigo. 


Evidentemente, nuestras experiencias han sido distintas, como podréis leer:


Para tus reflexiones sobre el chollo de la cooperación:


-¿Por qué damos becas de postgrado a estudiantes que podrían perfectamente pagarse sus estudios en España y no damos becas reales (desde el primer año de carrera) a aquellos estudiantes válidos que nunca podrán ni siquiera acceder a la universidad pública por absoluta falta de medios?


-¿Por qué un becario como Sinan cobra 1000 euros, es decir, 10000 quetzales, en un país donde la mayor parte de la gente no pasa de los 200 euros, 2000 quetzales?


-Pero si lo de Sinan es llamativo, que decir de todos los que están por encima del becario (es decir, todos) que ganan 3000 euros, 4000 euros, 5000 euros...


-No resulta curioso que los cooperantes que van a los países en vías de desarrollo logren acumular una buena cantidad de dinero a pesar de vivir en países pobres. ¿Cómo se puede uno llamar cooperante cuando lo que básicamente está haciendo es enriquecerse?


Cooperación Internacional: quitar dinero a los pobres de los países ricos para dárselo a los ricos de los países pobres y añado, yo, además convertir a algunos pobres de los países ricos en ricos en los países pobres. Viva la Cooperación.


¿Cuántas empresas de capitalismo furibundo (Telefónica, Ferrovial, El Corte Inglés) contrataría a los peces gordos de la cooperación? Ninguna. No sabrían que hacer con ellos. Así que hubo que inventarse el trepacooperante como alternativa para los que queriendo enriquecerse no podían hacerlo por los métodos habituales del mercado.


Pero, tranqui, Sinan, siempre puedes meter tus principios en el retrete y tu dinero en la cuenta. Así serás el perfecto cooperante. Los de verdad (por ejemplo, Atilio en Zacualpa), no se llaman cooperantes. No tienen tiempo para llamarse, la cooperación es sacrificio, pero esa palabra rechina en nuestros acomodados culitos de progres sabelotodo.


Un abrazo y gracias por dejarme saborear Guate.


A.


El comentario de la entrada anterior es este:


Cuando los españoles vieron por primera vez el Yucatán se dieron de morros con un castillo, o eso creían los chicos de comienzos del XVI. Era Tulún y no era maya. A los mayas se los había tragado la historia en forma de crisis internas y de invasores externos. En el caso del Yucatán y parte del Petén guatemalteco, primero llegaron los toltecas. Luego, ya en el siglo XII, llegaron los antecesores (o casi) de los actuales indígenas (o casi): quichés, cachiqueles (también puedes decir kichés o kitxés todo vale, después de todo estamos aplicando el alfabeto latino a una lengua mesoamericana. Es como decir que Khaled es más correcto que Jaled para transcibir la imposible en latino ja árabe, una de ellas). Decía entonces que en el XII llegan quichés y compañía y se mayizan: adquieren su lengua, costumbres, leyes y demás. Algo así como lo que les ocurrió a los visigodos cuando llegaron a la Península Ibérica: se juntaron con los hispanorromanos y el resultado fueron los hispanogodos, que no son romanos, ni godos. Lo mismo ocurre en Guate. Cuando llegaron los españoles, se encontraron a los maya-quiché, que no son mayas, ni quichés, strictu senso, y que van a ser menos aún esas purezas de las mentes alocadas de pseudoantropólogos actuales cuando se les aculturice a golpe de espada y crucifijo.
Los indígenas de Guatemala no son mayas. Ellos lo saben pero la mayor parte de los cooperantes-turistas no. Hay que volver a leer a Martínez Peláez (Sinán, si no lo has hecho, tienes una laguna importante, ya sabes La Patria del Criollo).
El conflicto armado no fue una lucha encaminada al exterminio del pueblo maya, primero, porque los mayas no existen, segundo, porque el ejército que masacabra campesinos indígenas estaba constituido básicamente por soldados indígenas (empezando por el brutal Lucas, el generalote de generalotes, mucho más brutal que Ríos Montt e indígena también Lucas).
Guatemala no se divide en blancos malos e indígenas (mayas) buenos. Sé que no piensas de esta forma tan simplista, pero demasiadas veces es la forma fácil de resumir el problema y nos equivocamos. Hace siglos hablábamos de guerras de religión para justificar la pelea por el pastel mercantilista y ahora hablamos de genocidios para esquivar el termino de explotación capitalista. porque se trata de eso.
Un día hablaste de las aldeas de los barrancos que se derrumban. La gente de esas aldeas sabe donde vive, conoce sus riesgos (mucho mejor que yo) y los asumen.
Los de Alomolonga (la que está al lado de Xela) no tienen inconveniente en vivir en un barranco dos o tres años en lo que esquilman el suelo, por ejemplo, de Ostuncalco. A los tres años se marchan. Si ves a estos almolongueños, van descalzos y con ropa vieja, pero no son pobres, al contrario, son capitalistas puros y duros: máximo beneficio con la mínima inversión. Nuestra sociedad del bienestar no les cabe en su cabeza porque sólo les vale la ganancia económica. Igualito que a la mayor parte de los cooperantes que a duras penas cederían, por ejemplo, el 50% de sus salarios para cooperar de verdad, a pesar de que cobran como mínimo cinco veces más que el guatemalteco medio. Es decir, el cooperante se tira de los pelos porque al almolongueño se le cayo la casa encima y el almolongueño llora y agradece las almas caritativas. En el fondo, son todo pajas, el cooperante fue a ganar plata, el almolongueño también y el azar hizo que no todo saliera bien.
La alternativa que damos a la pobreza es la acumulación del capital. Cooperante modelo: vive en una buena casa, con barra de bar incluido, la mayor parte de los fines de semana se emborracha a ser posible en Antigua o en Pana y luego vamos a vender ese modelo. Para ese modelo hace falta plata, mucha plata. Como le vas a hablar de derechos humanos, desarrollo intelectual, respeto al otro y al entorno cuando tú (yo, Alberto) vives al margen de todo ese discurso y te empeñas en demostrar que sólo eres feliz con dinero, mucho.
El otro día te definía la cooperación como el trasvase del dinero de los pobres a los países ricos a los ricos de los países pobres, añadiendo el hecho de que algunos pobres de los países ricos trabajando de cooperantes, se hacían ricos en esos países pobres. Añadamos algo más, la cooperación también permite que algunos pobres de los países pobres se hagan ricos para que sigan explotando a los pobres que siguen siéndolo.
Si queremos hacer las cosas bien, no sé si será en Guate o en España, peleando por cambiar la mentalidad de los chapines o de los españoles. De momento, me basta con cambiar mi mentalidad y dejar de ver estereotipos. Eso ya es todo un reto.
A


Por supuesto, como no guardo -analfabeto tecnológico que en el fondo soy- copias de los mensajes que le envíe, así que lo resumo:


A., como digo, conoce bien el mundo de la cooperación; el mismo fue cooperante aquí y en otro lugarcito complicado. Y es obvio que su compromiso con una realidad evidente de este país es mucho más profundo del que yo pueda llegar a tener. Porque es cierto que este humilde cronista no logra quitarse, por mucho que lo intente, el estatuto de occidental privilegiado de encima. Es más: yo no vine a Guate por elección propia. Con mi doctorado, mi italianidad y mi tendencia al hedonismo epicureo, mi primera opción fue Venezia (tornare a Venezia, che piacere).


Ahora bien: el conocer un poco Guate ha supuesto algo importante para mí. Como le decía a A., un montón de cosas que imaginaba se confirmaron, muchas otras se desmintieron, y aprendí desde cero muchísimas más si cabe. Siempre desde una atalaya, desde una torre de marfil: la que da el carnet azul, el montón de euros, la casa con agua caliente y la seguridad de saber que yo, jamás, pasaré hambre.


Y la tribu de cooperantes, que contar: tenemos gente que hace una vida colonial, y se va de putas con niñas de dieciseis años todas las noches (los menos) y también personas que se comprometen con su trabajo realmente y hacen una labor notable: en pesca, prevención, medicina... Y sí. Reflexionamos y todos sabemos que somos, a fín de cuentas, peones de una estrategia de cooperación que en el mejor de los casos es una operación de relaciones públicas. Porque si queremos cooperar de verdad, lo mejor es empezar por condonar la deuda, seguir por abrir mercados a productos agrícolas, continuar por reflexionar por qué nos gastamos 60 millones de euros en cada uno de los ochenta y siete eurocazas que nos vamos a comprar para tener juguetitos nuevos y concluir por entender que algo no funciona: que nunca tanta gente ha vivido tan de puta madre (en Europa, en Norteamerica) y que nunca muchísimos más han sufrido tantísimo, han muerto de esta manera. Señores, lo que está ocurriendo desde 1950 para acá será recordado como un genocidio. Así de claro. El sistema capitalista solo se mantiene explotando, rebañando, garantizando materias primas bataratas. Es así. Y tal vez nuestra postura sea la de los alemanes en 1946: "no, no sabíamos nada. Lo oíamos en el telediario, pero yo que iba a hacer".


Por eso, entre otras cosas, está este blog. Porque esta situación no se cambia sobre terreno: se cambia en nuestros países, haciendo ver a nuestros gobiernos que así no vamos a ninguna parte. Que ya está bien. Y si consigo que alguna de las 7000 personas que han leido esto se replantee ciertas realidades, alguna tan simple como si a quien estamos votando muestra más o menos sensibilidad en este asunto, de verdad que me doy por contento.


Mientras, con mi culito progre bien apretado, sigo haciendo mi trabajo lo mejor que puedo (¡eh, otro descubrimiento: la cultura realmente cambia cosas!). Y sigo duchándome con agua caliente, y me hace gracia la barra en mi casa. Porque no tengo alma de misionero, sed fieri sentio, y porque tampoco creo, realmente, que irme a vivir a Jocotán a dormir sobre tierra batida cambiase mucho más el desolador panorama de hambre, exclusión y miseria. Tal vez para mi autosatisfacción, pero eso lo consigo de otra manera.


El unico desacuerdo importante que tengo con A. es su valoración del llamado conflicto armado. Por supuesto que el ejército estaba formado por indígenas; por supuesto que estas masacres muchas veces las cometieron los PAC, paramilitares tan indígenas como los que escabechaban. Y por supuesto que el argumento de A. es el que uno oye todos los días a los señores Hague, Winter, etc..."¿Qué genocidio? Si es que eran unos bárbaros que se mataban entre ellos...". Ahí estuvo la genialidad: el reclutamiento forzoso, la alienación absoluta, el uso de parte de la población como instrumento para machacar a la mayoría. Pero A. sabe muy bien que la gente del EMP o del G-2 que planificaron esto (porque fue planificado, y es demostrable, al RHEMI me remito) no eran indígenas. En absoluto. Como no lo eran sus beneficiarios. Como sí lo eran el 97 por ciento de las victimas. El 97. El otro tres, ladino. Que casualidad. En Guate hubo un genocidio en función de la raza. Si eras maya tenías 25 probabilidades más de que te matasen que si no. Y alguien no se lo cree, que vaya a Barranco Hondo, a Piedras Negras o a Rabinal. Y que lo vea con sus propios ojos.


El responsable de CONRED (la presunta red para desastres), despues del deslave, alegó que la culpa no era del estado. Que los pobladores son tozudos, no entienden, no comprenden. Casi como animales. Y claro, insisten en poner la choza allí y pasa lo que pasa. Que qué va a hacer el. Y A. debería saber muy bien que, a causa del genocidio que aparentemente no existió, hubo un montón de población desplazada. Sin tierra. Que tuvo que concentrarse en lugares a decir poco inadecuados, de media montaña, para sacar media caballería de milpa: arrancar arboles, agotar la tierra. Y la casita cerca, claro: que el transporte es arduo y cansado, y que lo mismo alguien te quita la cosecha. Y sí, pasa lo que pasa. Y yo con mi licenciatura y mis libros lo puedo preveer. Pero un campesino analfabeto que ha ido a la escuela seis meses a lo mejor no lo ve tan claro. O prefiere no pensar tanto en el futuro.


A mí, el rollo de la responsabilidad compartida no me va demasiado despues de lo que he visto aquí. Y en cuanto a la historia de los mayas, habría que hablar largo y tendido. Que siguiendo el razonamiento de A., ya desde el preclásico tardío y la influencia teotihuacana (y antes olmeca), el término maya sería discutible. Pero a raiz del colapso del clásico terminal, se conservan rasgos culturales básicos. Incluso entre los mayas choltunes que vinieron del golfo, y que originaron kichés, kachiqueles, etc..., la escritura, el panteón, relaciones sociales, cosmogonía y modos económicos eran los mismos. Y no lo digo yo, ojo. En Sharer y Schiele viene todo muy bien explicado. Así que no nos pongamos reductivos al respecto.


En fín. Agradezco un montón a A. que me deje postear esto en público: SinanPacha no tiene, ni mucho menos, el monopolio de la pureza solidaria. Probablemente todo lo contrario (esa barra de bar...), y cualquier visión nueva contribuye a matizar y ofrecer una realidad más exacta. Por lo tanto va en beneficio de los que, con paciencia,  leen esto y hacen que no me sienta demasiado solo en mi burbuja...


¡Me voy a una boda en Rabinal! ¡Se casa Chepe!. Os contaré.

1.7.05 18:33


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